Akanita amiga mia, cada que inauguro una sección de mis letras,
te la dedico a ti pues así te lo prometí en honor a que de no ser por tí, tal vez esta sección no existiria.

Cartas:
No te amo
Carta a *****

Acrósticos:
A Gloria
A Cynthia
A Judith
A Noha
A Iris
A Eleola
A Paola

Rimas:
Bonita
La Verdad

Canciones:
Cuando la veo
Dia tras día

Poemas:
Nadie (Nuevo)
¿Ya no te acuerdas tú?
Y mi gato... Dormido
Verdad
Un día sin tí
Tu voz
Tu luz
Triste viaje
Te extraño
Sueño
Soy Feliz
Singular
Simpatía desquiciante
Será de otra
Rutinas
Rosal Caído
Recuerdos
Recapacitar
Rayito
Pero Ninguna como tú
Para un poeta
No se que haría
Nena Psycho
Muda
Medicina
Propuesta
Locura
Impresiones
A esa chica
A la sombra de un Roble
A *******
Abandono
Adios
Aliento
Ambición

Bella
Belleza
Bendita tú que eres madre
Hermoso Despertar(renew)
Ce la vi
Cuando el amor necesita un juguete
Cuando estamos separados(renew)
Cuando estoy sin tí
Despojos
Diferencias
Dime
Dolor
Drama
Eleola
Ella
Es una de esas vidas
Esperar
Huella
Ilusión
Indecisión
La niña pintora
La Playa
Lucharé
Mariana
Mentirosa
Miénteme por favor
Morena
Nocturno
Sonrisa
Mirar
Angel
******
Te Extraño
Contigo
Estrella
Ayúdame Cosita
Ven




 

Te quiero infinitamente porque no te amo. No te deseo, porque las circunstancias impiden que tú seas mía.
Cuando digo las "circunstancias", no pretendo decir -y tú lo sabes- las vicisitudes de la vida, el puesto que ocupas en el consorcio social, las obligaciones que has suscrito hacia otros.
El puesto que ocupas siempre puede cambiar, las obligaciones pueden disminuir por medio de mentiras que nos recitamos a nosotros mismos.
El hombre y la mujer son pequeñas maquinas ingeniosas para fabricar pretextos y justificaciones.
No serás mía, no debes ser mía, por el motivo que se condensa en estas dos palabras: "porque no".
Un literato americano dedicó una de sus novelas "A mi mujer, gracias a cuya inexistencia he podido escribir este libro." Yo, que no escribo libros, puedo dedicarte mi amor simbólico, porque concretamente no te amo; porque a pesar del esplendor de tu frente, el magnetismo de tus ojos, la electricidad que emite tu piel, a modo de débiles ondas discretas, como el ambar frotado, no me produces escalofríos.
Te amo porque no te amo. Eres como ciertas cigarras apresadas desde miles de años atrás en una resina transparente. Eres una obra de arte no mía, que admiro en un museo; eres una tela pictórica en un templo, al cual no llegan mis dedos. Te amo porque eres inalcanzable, y lo eres porque entre tú y yo se ha establecido, sin que nos hayamos puesto de acuerdo, un pacto recíproco de no agresión, un pacto de no-amor. Tengo la seguridad de que el amor no surge en mí, o si surge no se arraiga, no germina, no florece, porque yo no haga nada para animarlo. Todos los amores son desgraciados enfermizos que se aguantan en vida artificialmente, en una incubadora.
Los hombres se enamoran porque quieren. Yo no quiero. Yo no quiero saber, no quiero conocer, no indago. Yo sé que te pones elegante, te pones bella, te refinas (admito que puedes llegar más lejos del refinamiento-límite) para otros, no para mí. Para otros inventas los embustes más blandos y las mentiras más temerarias, y no para mí, y yo puedo observar apáticamente tus perfidias eventuales, tal vez programadas, como el espectador de un circuito automovilístico que se coloca a prudencial distancia de las curvas propicias a las catástrofes. Yo no corro riesgos, yo me protejo porque no te amo. De tu cuerpo, de tu fisiología períodica, de tu irregular patología (incluso tendrás tus pequeños malestares) no sé nada; ignoro las pequeñas servidumbres que disminuyen la atracción. La atracción no puede disminuir en mí porque no te amo.
La dama de las Camelias se colocaba durante tres o cuatro días una camelia roja en el vestido. Todos los amantes están informados de aquella camelia roja, aunque no esté puesta en evidencia oficialmente.
Yo, sin embargo, que soy un superprivilegiado, veo ininterrumpidamente la camelia blanca, porque tú eres para mí un espíritu puro, una abstracción algebraica. Las lágrimas sin sentido, los cambios de humor y las inquietudes de las otras mujeres se explican calendario en mano. Para mí tus lágrimas siempre son de naturaleza cerebral, y eso te confiere una aureola de espiritual melancolía. Tú eres para mí la mujer sin porqué, a partir del momento en que no inventas para mí tus absurdos porqués. Tus actos son siempre genialmente irracionales. Entre tú y yo nunca habrá las inevitables miserias, las sucias mezquindades del fin, porque nunca habrá principio. Nuestro amor, o por lo menos el mío, es el más bello de todos los amores porque entre tú y yo el amor nunca existió.

Y para terminar, amiga mía, sigue siendo bella, imprevista, insólita y fuera de lo normal. Me gustas así porque eres las mujer que no amo.